miércoles, 19 de diciembre de 2007

La realidad de América del Sur en las caras de sus presidentes

En cuanto nos dispongamos a escudriñar en ponencias y acuerdos para intentar informarnos ya se habrá puesto en marcha el Banco del Sur, y la frase que le da título buscará oídos Latinoamericanos donde grabar la profunda reflexión de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner: “Por primera vez los presidentes se parecen a sus pueblos···".

Es que la ponderación realizada por la que aún no era presidenta de los argentinos, marcan también tiempos de madurez política sin especulaciones bizantinas.
Muchos diarios usaron esta frase para intentar explicar el significado del Banco del Sur; quimera de nuestros
líderes Bolívar y San Martín, hoy hecha una realidad perseguida fielmente por siete países sudamericanos: Argentina, Brasil, Venezuela, Paraguay, Uruguay, Ecuador y Bolivia.


El firme compromiso asumido por los mandatarios, y que significó el último acto de Néstor Kirchner al frente de los destinos de Argentina, separará a nuestros países de los dictados del Fondo Monetario Internacional, por cuanto se contrapone a la religión neoliberal de Estados Unidos y otros países ricos. A la vez dará vida a la idea bolivariana de la integración capaz de enrumbar el camino hacia la independencia definitiva. Es que Banco del Sur ensayará un camino de liberación de todo tipo, y fundamentalmente de pareceres económicos y políticos. Más temprano que tarde, también acabará con los condicionamientos impuestos por “la metrópoli colonial” sobre todo a la hora de atender el campo social.

Pero el del Banco del Sur es un propósito que empieza a fraguar un concepto aún más amplio de integración, que es el avance hacia una moneda común sudamericana.
Moneda única que llevará a eliminar las dependencias del dólar y que seguramente hará fruncir el entrecejo de los que se creen dueños de una América a la que ven, cuando miran al sur, como un gran patio trasero de donde sacan reservas y nada devuelven, salvo 700 mil millones de dólares de deuda con bancos y empresas financieras buitres.(Pero existen 250 mil millones de dólares que nuestros países tienen en reservas en bancos del primer mundo y que se pueden repatriar con el Banco del Sur).
Así, el Banco del Sur, idea impulsada por el ya hoy ex presidente Néstor Kirchner es un acto más que se une a otros mecanismos de verdadera integración latinoamericana - Petrocaribe, el Gasoducto del Sur, el ALBA-.

A la vista queda que los presidentes latinoamericanos comprendieron la necesidad de la integración, de llevar a la realidad el concepto de ser “uno” y Cristina Fernández ha dejado claro, desde el primer día a cargo de la primera magistratura, que ha emprendido la marcha en este sentido y no se detendrá.

La presidenta comprendió que el mandato supremo debe ser coaligarse y acompañarse para enfrentar los tiempos venideros, tanto en política exterior como interior y quizás por eso insiste en reforzar y ensamblar la capacidad productiva de cada uno de nuestros dispares territorios para crecer, en el más vasto sentido de la palabra.
Cristina Fernández se mostró segura también frente a Tabaré al que, sin pelos en la lengua, le enrostró que fue su país el que no cumplió con el tratado del Río Uruguay y al punto suavizó: “No habrá un solo gesto que profundice las diferencias”.

El gesto franco y seguro de la presidenta nos resuelve un problema con una solución sencilla “confianza en las convicciones” y, de la misma manera desvanece el inconveniente de cierta diversidad política interna, defendiendo siempre la concepción más íntima de la concertación plural impulsada por Kirchner.
Cristina quiere gobernar y parecerse a su pueblo en las decisiones y pareceres, ese es el gran desafío que se ha impuesto. Y esa debiera ser la única pelea que libren los gobernantes. “Parecerse a su pueblo”.

Parecido y diferente
Extrapolando tanto como nos dejan las palabras y volviendo a la “aldea”; ese el reto que debe enfrentar el único gobierno socialista argentino que ha hecho pie, nada más ni nada menos que en Santa Fe, desde hace mucho y hasta hace poco, fuerte bastión justicialista.
Pero no sólo Binner se haya en esta encrucijada sino también sus sempiternos opositores. El justicialismo santafesino enfrenta por estos días una crisis de “identidad”, ha dejado de parecerse al viejo militante, encarna otras ambiciones y tiene otras apetencias que no se parecen a las de aquel viejo y lejano “compañero peronista”, cuya primera convicción era la justicia social.

En medio del dilema interno partidario volvió a se la presidenta la que se mostró segura en sus pareceres y preparó la comitiva que acompañaría a Binner en su asunción: Alberto Fernández, engranaje importantísimo en la estrategia K; Florencio Randazzo, en sus primeras armas al frente de un controvertido ministerio y Agustín Rossi, jefe de la bancada del Frente para la Victoria en la Cámara Baja Nacional y de filosa dialéctica en lo que se refiere a defender los intereses del ejecutivo en el Congreso. Un Agustín Rossi que por su trabajo militante resulta muy “parecido” a aquel justicialismo santafesino luchador y convencido.

En este marco un Binner, quizás poco seductor políticamente, debe gobernar a los santafesinos; con dinero en las arcas pero con más de un acuciante problema y con varios “apuros y aprietos” de último momento, que en esta lluviosa e insegura Santa Fe nunca faltan.
La seguridad es el problema más complejo de esta gestión que afecta a la sensación de las personas, de influencia fundamentalmente urbana, y que, por lo tanto, exige un debate complejo con la participación de los ciudadanos de donde se deriven soluciones, que también seguramente, serán “espinosas”.
La capital de Santa Fe refriega a sus ciudadanos la más alta tasa de criminalidad del país. Esta es la apuesta más grande de Binner y su gabinete en sus primeros cien días de gobierno: Resolver el problema de la inseguridad, entendiendo su contraparte; la seguridad como una necesidad básica de las personas, y un derecho inalienable de la sociedad y del Estado.

La jugada es grande y el incentivo debe ser resolver el problema como lo haría el pueblo, pareciéndose al él y sintiendo como él. Un pueblo que hace mucho no camina seguro por la calle y que hace mucho que tiene un miedo… que se parece mucho a la inacción.
Fuente

No hay comentarios: