miércoles, 5 de diciembre de 2007

No hay voluntad de Gobierno

De la evolución de los hechos de lo que hasta ahora llamábamos Acuerdo Humanitario varias cosas quedaron claras. No habrá Acuerdo ni será Humanitario. Ante la capacidad criminal e inhumana de las Farc, el único camino para recuperar con vida a los secuestrados es una negociación política. El Gobierno colombiano no hará ninguna negociación política y saboteó la que adelantaba Venezuela. En consecuencia, los secuestrados seguirán muriendo en la selva mientras los captores sean las Farc y Álvaro Uribe sea presidente de Colombia. Quizá Íngrid Betancourt sea liberada porque Francia sí está dispuesta a hacer una negociación política y al gobierno de Colombia le interesa quitarse de encima la presión de Francia. Si Francia no logra recuperar a Íngrid será por cuenta del engaño de las Farc y/o de un nuevo sabotaje del Gobierno de Colombia a la negociación política.

Las gestiones de Piedad Córdoba y el presidente Chávez lograron en cuatro meses lo que el Gobierno de Colombia ha sido incapaz de lograr en seis años. El mal llamado Comisionado de Paz no ha logrado establecer comunicación directa con el secretariado de las Farc, ni hacer una reunión con un negociador autorizado por ellos, ni trazar un plan de acuerdo, ni involucrar en la negociación a otros países, ni obtener pruebas de supervivencia de los secuestrados, ni el compromiso de liberar a algunos como paso para establecer una negociación política para liberar al resto. Que otros, distintos del gobierno colombiano, lo hayan logrado en cuatro meses demuestra que era posible alcanzarlo si se tenía voluntad y claridad de que se está haciendo una negociación política, que tendrá como beneficio la liberación con vida de los secuestrados y como costo el oxigenamiento político de las Farc.

El Gobierno, que no tiene la voluntad ni la capacidad negociadora, dio por terminada esas gestiones porque corrían el riesgo de tener éxito. Si las gestiones concretaban lo ya negociado, iba a quedar en evidencia que era la falta de voluntad política y capacidad negociadora del Gobierno y no solo la testarudez criminal e inhumana de las Farc lo que había impedido el Acuerdo.

Por eso, las gestiones fueron sistemáticamente saboteadas por el Gobierno. Primero, dificultando las comunicaciones y reuniones con los facilitadores; luego, imponiendo nuevas condiciones (el Gobierno empezó reiterando que no daría ventajas territoriales ni militares y terminó agregando que tampoco permitiría protagonismo político); después, dando por terminada la facilitación de la manera que mejor asegurara hacerla inviable hacia el futuro; más tarde, intensificando operativos militares para dificultar el envío de las pruebas de supervivencia, y, finalmente, incautándolas para que no llegaran a manos de los facilitadores y encarcelando a los mensajeros de las pruebas como terroristas.

La confianza entre las partes, por supuesto, ha quedado por el piso. Las relaciones con Venezuela están en estado crítico. Chávez sabe que lo utilizaron. Las Farc, que siempre han insistido en que el Gobierno no quiere el Acuerdo y que solo busca ventajas militares para matarlos, quedaron con más razones para confirmarlo.

Así como las Farc han mentido tantas veces, en esta oportunidad quedó en evidencia que el Gobierno ha mentido a todos a quienes ha dicho que está dispuesto a un acuerdo. Nunca el Gobierno ha tenido voluntad para una negociación política. Ha manejado la situación y admitido intermediarios para disminuir la presión internacional, confiando que uno tras otro se irán quemando, con su propia ayuda, mientras logra, o liberar o asesinar militarmente a los secuestrados, en operativos cuyo costo político pagan completo las Farc y no el Gobierno, por lo que esta vía le resulta políticamente más conveniente que cualquier negociación. Estas crudas lecciones son las que tenemos que tener en cuenta hacia adelante.

A todos los secuestrados y sus familiares, mi total solidaridad y la certeza de que, aunque somos minoría, seguiremos luchando sin descanso por su vida y su libertad.

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