lunes, 10 de marzo de 2008

Piedad Córdoba: Entrega de una mujer a la causa de la paz y libertad


(Por Hernán Mena Cifuentes) La mujer, ese ser único que celebra hoy su día, alcanza sumo grado de felicidad cuando tiene un hijo y el mayor dolor que ser humano alguno pueda sentir al perderlo en una guerra. Lo único con que sueña a partir de entonces, es con la paz y, esa paz es la que busca una mujer que sufre por la muerte de miles de colombianos, que están muriendo en una absurda guerra, por ser madre, y por amarlos como sus propios hijos. Esa mujer se llama Piedad Córdoba.

En su constante peregrinar por el mundo tras las huellas de la paz, Piedad, ha cosechado éxitos notables, como lograr, con el presidente venezolano, Hugo Chávez Frías, la liberación de 6 personas que volvieron a la libertad y con ello a la vida, gracias a la gestión de ambos y de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) que en un acto unilateral los entregó como muestra de voluntad para alcanzar el canje humanitario que ponga fin al conflicto armado y social que desde hace más de medio siglo sufre Colombia.

En cumplimiento de esa noble misión, la vio por televisión el mundo entero, al pie de una colina, haciendo un rítmico y breve palmoteo en algún punto de la selva del Guaviare, y luego salir de lo alto de la zona donde se hallaban ocultos en la maleza, esperando su señal, el grupo de 4 senadores custodiados por una columna de guerrilleros de las FARC que durante más de seis años los mantuvo retenidos.

No era la primera vez que Piedad Córdoba cumplía ese tipo de misión. Varias veces se ha internado en lo profundo de esa jungla colombiana para entrevistarse con los líderes de la guerrilla, a fin de ultimar detalles orientados a la entrega de cautivos, como ocurrió el pasado 10 de enero cuando fueron entregadas 2 mujeres, en el marco de la mediación humanitaria que esa abnegada mujer venía adelantando con Chávez.

Para ello, arrostró toda clase de riesgos y peligros para reunirse con el Comandante Raúl Reyes, asesinado vilmente el sábado pasado junto con otros 20 combatientes de las FARC, durante la ilegal y cobarde agresión de las tropas del ejército colombiano que, violando la soberanía del territorio ecuatoriano y con apoyo logístico de Estados Unidos (EEUU) y la participación de judas “informantes” que delataron la ubicación de los guerrilleros, masacraron a Reyes y a sus compañeros mientras dormían.



Sin embargo, y a pesar de la muerte del comandante guerrillero, que significó un golpe para las FARC y también para el ansiado canje humanitario que no quiere ni Álvaro Uribe ni su amo el Imperio, ni sus cómplices, la oligarquía y los militares colombianos, Piedad continúa en pie de lucha y no desmaya en su tarea pacificadora.

Este jueves se reunió con dos mujeres, valerosas y dignas y como ella, a fin de estudiar nuevas rutas que le lleven a la meta que persigue, que es la paz para Colombia.

Se entrevistó con la presidenta argentina, Cristina de Kirchner, y con Yolanda Pulecio, progenitora de Ingrid Betancourt, símbolo de la lucha de una madre por la libertad de su hija, cuya liberación, junto con la de otros 11 cautivos de las FARC estaba a punto de darse gracias a la gestión que en ese sentido adelantaba el presidente Rafael Correa de Ecuador, pero que fue interrumpida por la criminal incursión del ejercito neogranadino que culminó con la masacre de Reyes y sus camaradas.

Y es que Piedad, no sólo se ha constituido en la abanderada de la paz en su país sino en la colombiana mas representativa del movimiento latinoamericano feminista, como impulsora, desde su curul en el Senado, de proyectos en favor de los Derechos Humanos, como la defensa y protección de las madres cabeza de familia; contra la violencia intrafamiliar y la corrupción.

Su participación en eventos que le han ganado reconocimiento mundial, siendo premiada por destacadas instituciones y publicaciones del país y del exterior.



No tiene Piedad Córdoba el carisma y magnetismo arrollador de un Chávez, pero sí, esa tierna y cálida mirada que emana de las mujeres Caribe heredada de sus ancestros, bajo la cual disimula el vigor y voluntad que le han llevado a transitar por todos los caminos imaginables en busca de paz y libertad para su pueblo, para lo cual escogió como guía y compañero de lucha al Comandante Hugo Chávez.

Posee también la virtud de la modestia, especie de timidez que le permite, gracias al bajo perfil con que actúa, desarrollar con mayor efectividad su labor de luchadora siempre activa y dispuesta a enfrentar los retos que se impone y los peligros a los que se ve expuesta por parte de enemigos tan brutales e implacables que utilizan los métodos más deleznables para tratar de impedir su labor de patria.

A los insultos que recibe a veces, mientras viaja divulgando su misión humanitaria, se suman anónimas amenazas de muerte enviadas por sicarios y funcionarios; falsas acusaciones de los medios cipayos y la absurda y ridícula propuesta de un parlamentario, que pide condenarla por “Traición a la Patria”, cuando es él, junto con sus compañeros los parapólíticos, los que han traicionado a Colombia.

Esa campaña de falacias y ofensas desplegada contra la senadora Córdoba evidencia la desesperación de un enemigo incapaz de intimidarla o detenerla, y sus maniobras, signo de impotencia, evocan las palabras del Hidalgo Caballero Don Quijote de la Mancha, cuando, dirigiéndose a su escudero le dijo: “Ladran Sancho, señal de que avanzamos.”

Su amor le ha hecho llegar hasta los oscuros calabozos donde se hayan encerrados luchadores como ella; a palacios presidenciales, a los barrios marginales donde el hambre acecha a los niños y sus madres y a la selva colombiana donde batallan contra el poder de un Imperio y sus vasallos, los combatientes de las FARC, la más antigua guerrilla del mundo, al mando del mítico y legendario Manuel Marulanda, Antonio Marín, o “Tiro Fijo”, el más viejo guerrillero del planeta.

Y mientras que el ideal que persigue no se cumpla, esa mujer que anda en pos de ese sueño que es la vida y la paz, opuestas a la muerte y a la guerra de Álvaro Uribe, seguirá recorriendo cielo, mar y tierra, segura de que, más temprano que tarde, habrá de ver hecho realidad ese derecho irrenunciable e inalienable que el Imperio, el Estado y la oligarquía, le han negado a sus hijos, y para ello, cuenta con Hugo Chávez, quien supo aprender de Bolívar, el don invaluable de la constancia que convierte las derrotas en victoria.

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