lunes, 31 de marzo de 2008

“Tire el periódico, apague la televisión y lea este libro”


Era necesario y urgente un libro sobre Colombia. En primer lugar porque este país representa el panorama más avanzado de despotismo y terrorismo de Estado que ha logrado presentarse como democracia. Las dictaduras se han sucedido en muchos países de América Latina, todos lo sabemos, pero Colombia ha conseguido la fachada perfecta para que el mundo crea que es un sistema democrático. Desde 1958 el gobierno ha estado en poder de civiles y su apariencia fue desde entonces de democracia.

Una democracia en la que se han asesinado cuatro candidatos presidenciales, en la que se han masacrado a tres mil dirigentes de una opción política que intentaba reinsertar a la vida política a la guerrilla, la Unión Patriótica; donde de cada doscientos colombianos uno en un soldado en activo -el doble de soldados que en España sin tener misiones internacionales como nosotros-, con un presupuesto militar cuatro veces más porcentaje de su PIB que España que está en la OTAN y ya destina grandes recursos, un gobierno que paga 2’6 millones de dólares al que le asesine y traiga las manos cortadas de los perseguidos por la policía, donde paramilitares coordinados con las Fuerzas Armadas -cuando no integrantes de ellas- han asesinado a 3.500 personas desde 1982, mientras controlan a la mitad de los diputados, gran parte del sistema judicial y del poder municipal. Un país con cuatro millones de desplazados despojados de sus tierras y pertenencias y con más de 10 mil desaparecidos.

Con una prensa escrita que se limita a un solo periódico de ámbito nacional propietario del hermano del ministro de Defensa y primo del vicepresidente.

Hace apenas dos semanas que se celebró una manifestación denunciando el terrorismo de Estado y ya han matado cuatro dirigentes sindicales y de ONGs que habían promovido la marcha, secuestrado otros dos y amenazado directamente otros 28, mientras decenas están en peligro de ser asesinados.

Estos se sumarían a los 300 activistas de derechos humanos y sindicales asesinados durante los primeros cuatro años de gobierno de Alvaro uribe, según datos de la Unión Europea.

Otra de las razones por las que era necesario y urgente un libro sobre Colombia es porque la información de los medios de comunicación sobre este país ha demostrado, una vez más, cómo leer el periódico o ver la televisión es el mejor modo para no enterarse de lo que sucede en una parte del mundo, en un conflicto, es la forma de no comprender el mundo. Cuando estaba en Caracas, les decía a los jóvenes periodistas de Telesur que teníamos como función no contar hechos noticiosos sino explicar el mundo. Ya me he dado cuenta de que la televisión no sirve para eso, sobretodo con este formato que impide que un tema dure más de dos minutos o una declaración más de treinta segundos.

Hasta el propio gobierno colombiano reconoce que su política de seguridad ha generado 1.600.000 desplazados (las organizaciones humanitarias los cuantifican en mucho más). Y Amnistía Internacional ha señalado que la política de Seguridad Democrática que tantas bondades ha generado a Colombia, según El País, es "el ejemplo más extremo de la táctica de utilizar medidas supuestamente destinadas a combatir a los grupos armados ilegales para conseguir, dar muerte y amordazar a los activistas de derechos humanos".

Mentiras constantes y burdas es lo que nos traen los medios sobre Colombia, como presentar a mil guerrilleros que decían que habían desertado y se rendían entregando una avioneta y resultó que eran mil presos comunes que el gobierno les había dado un uniforme de guerrillero para exponerlos antes las cámaras como desertores y la avioneta era una decomisada a unos narcos hacía dos años, o adjudicar a la guerrilla el asesinato de campesinos e indígenas a manos de militares.

El último caso del ataque al campamento de la guerrilla donde muere Raúl Reyes se presentó como un enfrentamiento en caliente con las FARC cerca de la frontera de Ecuador. Ahora se sabe que el ejército colombiano invadió el país vecino entrando dos kilómetros en territorio ecuatoriano, que los atacaron con misiles y sistemas de detección estadounidenses, que todos los del campamento estaban durmiendo, que entre ellos había cuatro estudiantes mexicanos –todos masacrados-, que remataron a los heridos con un tiro en la nuca, que uno de los presentados ante los medios a modo de trofeo como líder guerrillero era un civil ecuatoriano y que los ubicaron para matarlos debido a una llamada entre la guerrilla y delegados del gobierno francés con quienes estaban coordinando la liberación de Ingrid Betancurt. Una realidad opuesta a la primera versión que fue la que ocupó las primeras páginas de los medios de comuniciación. Así es constantemente la información que nos llega de Colombia. Falsa.

Este libro de Hernando Calvo, no sólo es que explique Colombia relatando los antecedentes, elementos de contexto, historia, datos, testimonios, fuentes y referencias necesarias, es que nos vacuna contra las mentiras que todos los días nos vomitan los grandes medios.

Un libro que saca también a la luz las verdades que silencian, porque nadie cuenta, por ejemplo, que este año van doce sindicalistas asesinados en Colombia con lo cual son ya 2.574 sindicalistas muertos. Y no lo dice ninguna organización minoritaria de ese país, lo acaba de denunciar la Confederación Sindical Internacional, a la que están afiliados 168 millones de trabajadoras y trabajadores en 155 países y territorios, y aún así los medios no la consideran una fuente de información representativa para recoger sus denuncias sobre Colombia.

Cada vez estoy más convencido de que para conocer lo que sucede en un lugar del mundo debemos dejar de leer periódicos y ver la televisión y coger el libro adecuado. Pues aquí está para el caso de Colombia, “Colombia, laboratorio de embrujos. Democracia y terrorismo de Estado”.

Fuente

Por Pascual Serrano