viernes, 30 de mayo de 2008

El Plan Colombia según Alan Woods


El llamado Plan Colombia es una excusa para la intervención militar de Estados Unidos en América Latina bajo el pretexto de una guerra contra las drogas. En realidad, eso sólo es una fachada de sostén para el régimen reaccionario del presidente Alvaro Uribe en su guerra contra los movimientos insurgentes. Usando esa fachada, Washington ha transformado a Colombia en un campo de batalla alterando el balance militar de fuerzas en toda la región.

No me cabe la más mínima duda que esto apunta primariamente contra Venezuela. Sabemos que por varios años los paramilitares colombianos han estado activos dentro del territorio venezolano. ¿Qué hacían allí? Eran armados y entrenados por la CIA quien, como todos sabemos, estuvo involucrada en muchas conspiraciones para derribar gobiernos democráticamente elegidos en Latinoamérica y asesinar líderes que no eran de su agrado.

No mucho tiempo atrás, cuando José María Aznar estaba aún en el poder en Madrid, el gobierno colombiano estaba negociando la adquisición de tanques españoles. ¿Qué uso podrían tener tanques de guerra en la lucha contra las guerrillas en la selva? Ningún uso, por cierto. Esas son armas diseñadas para la guerra convencional. ¿Y guerra contra qué país? La pregunta se responde por sí sola. Esto era una amenaza contra Venezuela, aunque nadie lo mencionara. Sin embargo, cuando Venezuela anunció su intención de comprarle armas a Rusia, hubo gritos de indignación desde Washington por los alegados 'objetivos agresivos' de Caracas.

¡La insolencia y la hipocresía del imperialismo realmente no conocen límites! Sin embargo, creo que el Plan Colombia está perdiendo energía. Una guerra entre Colombia y Venezuela parece menos probable ahora que un par de años atrás. Si Uribe ordenara una invasión, obtendría una paliza. Los venezolanos lucharían como tigres combatiendo en dos frentes. Y el pueblo de Colombia no se quedaría de brazos cruzados mientras su gobierno perpetra un acto de agresión armada contra Venezuela.

Por otro lado, no hay que olvidar al pueblo de Estados Unidos. Ese pueblo ya está harto de la guerra en Irak y no quiere ver a su país comprometido en otra aventura criminal en Sudamérica. El mismo colapso que vive Estados Unidos es el soporte para el Plan Colombia. El público estadounidense está rebelado por las historias de tortura y corrupción y por los probados vínculos entre Uribe y los paramilitares. El Congreso ha detenido la ayuda. Si los demócratas ganan la presidencia, la perspectiva del Plan Colombia no es muy promisoria. Esto es, aún, otra indicación del aumento de la debilidad del imperialismo estadounidense.

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