jueves, 19 de junio de 2008

La Patria Grande

Sólo a Washington conviene un conflicto bélico entre Colombia y Venezuela

El proceso de integración latinoamericano tiene su centro de gravedad en Brasil, dada su condición de principal potencia mundial emergente cuyo influjo irradia toda la región.

A menos de un mes que la Unión Sudamericana de Naciones se constituyera, el Presidente de Paraguay, Nicanor Duarte, retomó el proyecto de la Cancillería brasileña para constituir el Consejo Sudamericano de Defensa, asumiendo como un anhelo compartido "la idea de unas fuerzas armadas regionales y supranacionales, para defender los intereses geoestratégicos de nuestra zona, como el petróleo y los recursos energéticos e hídricos".

Semejante pronunciamiento lo hizo en La Paz, Bolivia, invitado por el Presidente Evo Morales, a fin de participar en la conmemoración del final de la Guerra del Chaco que enfrentó al país andino con la República de Paraguay (1932-1935).

El Presidente paraguayo hizo un emotivo llamado a la unidad latinoamericana, advirtiendo que los mismos intereses económicos imperiales que provocaron la Guerra del Chaco, pretenden ahora generar nuevos enfrentamientos militares entre naciones hermanas, en obvia referencia al clima de tensión y provocaciones creado entre Colombia y Venezuela, lo mismo que entre Bogotá y Quito a raíz de la incursión militar tipo comando del ejército colombiano contra un campamento de las FARC, en Sucumbíos, Ecuador.

Nicanor Duarte se pronunció muy especialmente porque un Consejo Sudamericano de Defensa asuma el resguardo de los recursos naturales de la región amazónica, que comparten Bolivia, Perú, Colombia, Ecuador y Brasil.

No pueden desestimarse las implicaciones geoestratégicas de un planteamiento que llevaría el proceso de unidad en América Latina a peldaños superiores, dibujando una nueva y promisoria geografía política con impacto global. Una eventual integración de los ejércitos sudamericanos modificaría la correlación de fuerzas militares mundiales
La alusión de Duarte al proyecto brasileño de unidad de las fuerzas armadas sudamericanas ocurre a pocos días de que la legendaria cuarta flota de la marina estadounidense vuelva a navegar por los mares de América del Sur, y en un contexto desfavorable para Washington en la región, no nada más por los fuertes vientos integracionistas que ahí soplan, sino por cuestiones muy específicas que alteran sus planes de seguridad y defensa como la negativa del Presidente ecuatoriano, Rafael Correa, a refrendar la permanencia de la base aérea estadounidense de Manta, en la costa del Pacífico, aeropuerto civil que EU renta a Ecuador desde 1978.

El Embajador estadounidense en Colombia, William Brownfield, declaró el 11 de abril pasado que el Gobierno de su país no descarta mudar dicha base aérea hacia "algún lugar del pacífico colombiano", desmintiendo al ministro de Defensa del Gobierno de Colombia, Juan Manuel Santos, quien había negado la especie. La negativa de Bogotá a formar parte del Consejo Sudamericano de Defensa sustentada en que enfrenta la amenaza interna de las FARC, nos remite a la existencia de un acuerdo estratégico entre EU y Colombia, cláusulas secretas incluidas, sellado por los presidentes George Bush y Álvaro Uribe para combatir al "terrorismo", ultra izquierdista de la guerrilla colombiana, y el crimen organizado.

Adquiere por ello enorme relevancia las declaraciones del Presidente venezolano Hugo Chávez en su programa de radio del domingo 7 de junio pasado, pues constituyen un enfático desmentido a quienes lo acusan, sin pruebas, de apoyar la guerrilla en Colombia y ser punta de lanza del comandante Fidel Castro para sublevar la región.

La verdad histórica es que Chávez coadyuvó a la liberación de rehenes en poder de la guerrilla sirviendo de mediador entre las FARC y el Presidente Uribe, quien sin embargo descalificó a su homólogo venezolano a partir de que entró en contacto telefónico con altos mandos del Ejército de Colombia, lo cual tenía prohibido.

"La guerra de guerrillas", dijo Hugo Chávez en su programa dominical Aló, Presidente, "pasó a la historia y ustedes, en las FARC, deben saber una cosa: se han convertido en excusa del imperio para amenazar a todos. Son la excusa perfecta.
"El día que haya paz en Colombia se acabará al imperio su excusa, la principal que tiene, el terrorismo, pero también el pretexto que el neoconservadurismo de derecha neoliberal pone en Colombia y otros países para considerar inviable la unidad sudamericana. A estas alturas, en América Latina está fuera de orden un movimiento guerrillero armado. Eso quería decirle a (Manuel) Marulanda, el patriarca de las FARC, fallecido recientemente "por causas naturales".

"Se lo dije públicamente varias veces al final. Ahora se lo digo a Alfonso Cano (el nuevo comandante en jefe): vamos, suelten a esa gente. Ahí hay ancianos, mujeres, enfermos y soldados que tienen 10 años prisioneros. Ya está bueno. Llegó la hora. Cano, lo creo, la guerra de guerrillas pasó a la historia".

Como también periclitó el anticomunismo beligerante de la Guerra Fría, no obstante lo cual el neoconservadurismo imperial pretende transformar sus añejos ardores ideológicos contra Moscú para enderezarlos ahora en el imaginario colectivo contra el terrorismo y los Gobiernos de izquierda "nacionalistas, autoritarios y populistas".

En su intento por convencer al nuevo líder de las FARC, Alfonso Cano, de negociar con el Gobierno de Colombia, Chávez le prometió que varios gobiernos serían garantes de un eventual acuerdo de paz, refiriéndose a los de Brasil, Ecuador, Argentina, Nicaragua, España, Portugal y Francia. Incluso hizo mención a los posibles servicios que al respecto pudiera prestar el rey Juan Carlos, "pero eso sí, sin callarnos, porque en política hay que hablar mucho".

La postura de Chávez sobre las FARC es inequívoca, no da margen para la interpretación entre líneas. Parte de un certero balance entre pasado y presente. El respeto al voto popular, será, en todo caso, primordial para que las mayorías decidan sobre su futuro.

Sólo a Washington conviene un conflicto bélico entre Colombia y Venezuela. No habría mejor sabotaje al proceso de integración latinoamericana que la guerra entre países hermanos.

A contra pelo del proceso de unidad sudamericano, el Gobierno mexicano se encuentra atrapado por la magnitud y el peso de los intereses económicos que nos atan a EU, como si se tratara de un destino manifiuesto.

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