viernes, 27 de junio de 2008

Tavaré Vazquez convence al Presidente Calderón de condenar la Ley Migratoria de la Unión Europea


El presidente de Uruguay, Tabaré Vázquez Rosas, consiguió que su homólogo Felipe Calderón se sumara al grupo de gobernantes latinoamericanos que han expresado su preocupación por la ley de expulsión de inmigrantes indocumentados aprobada por la Unión Europea (UE); además, ambos hicieron un llamado a evitar medidas que criminalicen y vulneren los derechos humanos de los migrantes, muchos de ellos originarios de la región.

Desde su primer encuentro en Palacio Nacional, ambos mandatarios pusieron también sobre la mesa el tema de la integración latinoamericana. Tanto en el mensaje conjunto como en el almuerzo, Vázquez Rosas planteó a Calderón la urgencia de que México forme parte del Mercosur y de la Unasur, porque sin éste la unidad es “sencillamente, incompleta e insuficiente” y nuestro país se perdería de los beneficios.

El presidente uruguayo inició así formalmente su estancia en México (la primera fue en 2006) y se sumó al grupo de gobernantes de izquierda (entre ellos Luiz Inácio Lula da Silva, el ex presidente Néstor Kirchner, Daniel Ortega y Michelle Bachelet) que han sido recibidos por el michoacano como parte de una política exterior de acercamiento a este bloque cada vez más numeroso en la región.

Proveniente de Cuba, el uruguayo logró que Calderón hiciera por primera vez un pronunciamiento sobre la ley de expulsión de migrantes que contempla la detención de hasta por 18 meses y la prohibición por cinco años para volver a entrar en Europa. Precisamente durante su estancia en la isla, el sábado pasado, Tabaré Vázquez reclamó “seriedad, respeto y tolerancia” en el tratamiento de las políticas migratorias, y anunció que trataría el asunto con Calderón.

En el comunicado conjunto, Uruguay y México pidieron además a la UE que reconozca las contribuciones positivas que realizan los migrantes a la economía y la cultura de los países en los que residen.

Acompañados por una delegación de 12 funcionarios y empresarios, este oncólogo –que con su triunfo rompió con la hegemonía bipartidista en Uruguay– y su esposa, María Auxiliadora Delgado, acudieron a la ceremonia de bienvenida en el patio central de Palacio Nacional. Ahí, el uruguayo señaló que pese a los esfuerzos realizados, de la creación de nuevos organismos y de la retórica de la unidad, Latinoamérica aún tiene dificultades para presentarse como interlocutor único en aquellos temas que son de interés común para todos los países de la región.

Su anfitrión coincidió antes en la importancia de fortalecer los vínculos con las naciones latinoamericanas y señaló que aspira a consolidar una organización formal “verdaderamente latinoamericana”, donde la fraternidad entre Uruguay y México sea un componente esencial.

Resaltó que existen oportunidades para concretarlo, por ejemplo, en el terreno económico, ya que gracias al Tratado de Libre Comercio entre ambas naciones (el único que tiene México con un integrante del Mercosur) el intercambio comercial creció 121 por ciento al pasar de 191 millones de dólares a 423 millones de dólares.

Tras una reunión bilateral, Vázquez Rosas aclaró que no iba a hablar sobre los encuentros y desencuentros en el proceso de integración regional. Son ampliamente conocidos en un proceso tan complejo como éste, no hay que dramatizarlos, pues la integración no es idilio y tampoco es complicidad, estableció.

Pero fue enfático en invitar a México a que se integre al Mercosur, porque desempeña un “papel importantítismo” en esta tarea integradora, gesto que fue agradecido por Calderón, quien señaló que de hecho trabaja por fortalecer la relación con los países del Mercosur.

De Zitarrosa y Benedetti

Ambos mandatarios se esmeraron en mostrar puntos en común en la relación, lo que Calderón llevó al terreno musical. Se definió como un “seguidor, un fanático” del músico Alfredo Zitarrosa.

Ante un auditorio variopinto, que reunió lo mismo a la priísta Beatriz Paredes y al gobernador de Michoacán, el perredista Leonel Godoy, recordó que cuando era estudiante seguía las presentaciones “grandes o pequeñas” de Zitarrosa e hizo ver que la situación de México era paradójica en esos tiempos, porque en lo externo fue hospitalario y dio refugio a muchos perseguidos en el mundo por sus ideas, mientras los mexicanos luchaban por un régimen verdaderamente democrático.

Evocó canciones del uruguayo, en especial una cita de Adagio a mi país: “En mi país que tristeza la pobreza y el rencor. Dice mi padre que ya llegará, desde el fondo del tiempo otro tiempo, y me dice que el sol brillará sobre un pueblo que él sueña labrando su verde solar”.

Remató su discurso parafraseando al escritor uruguayo Mario Benedetti y con la promesa de que Uruguay siempre prodrá contar con el apoyo de México.

Antes de brindar por la relación entre ambos países, Tabaré Vázquez pidió encarar la desigualdad hiriente que aqueja a la región, e insistió en alcanzar la integración latinoamericana, porque en esta búsqueda no hay receta ni milagros ni profetas; “todos somos importantes”.

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