domingo, 7 de septiembre de 2008

La Mass Media... siempre ha sido la misma m...ass



El último viaje Versión europea

En 1515, Juan Díaz emprendió su último viaje en la búsqueda del pasaje transoceánico. En caso de encontrarlo, planeaba atravesar el Pacífico hasta alcanzar el Extremo Oriente.

La expedición estaba equipada con tres pequeñas carabelas. El monopolio del comercio con Oriente estaba en manos de la corona portuguesa, que temía perderlo en favor de los españoles y por ese motivo desarrollaba una ingente tarea de espionaje en todos los puertos que su rival pudiera utilizar para enviar expediciones.





Descubierta la proximidad de la partida de Solís, los portugueses intentaron sabotear los tres barcos, lo que falló. No pudieron, por ende, impedir la partida del explorador desde el puerto de Sanlúcar de Barrameda el 8 de octubre de 1515.
Habiendo alcanzado la costa del Brasil, Díaz navegó lentamente hacia el sur a la vista de tierra, explorando la costa uruguaya e ingresando en el Río de la Plata, una enorme extensión de agua dulce que configura el estuario de los ríos Paraná y Uruguay.



Confundiéndolo con un brazo de mar de salinidad inexplicablemente baja, Díaz lo bautizó, precisamente, "Mar Dulce", y pudo penetrar en él gracias al escaso calado de sus tres carabelas. Hizo escala en la isla Martín García, que bautizó así porque allí tuvo que sepultar a su segundo de ese nombre, fallecido a bordo, convirtiéndose Solís de ese modo en el primer europeo en poner pie en lo que hoy día constituye la República Argentina.



Al desembarcar en la costa oriental frente a Martín García con algunos de sus tripulantes (entre ellos Pedro de Alarcón y Francisco Marquina), Solís y los suyos fueron atacados por un grupo de aborígenes (posiblemente de etnia charrúa o guaraní), que los asesinaron ante la mirada horrorizada del resto de los marinos, que observaron impotentes la masacre desde la borda de los buques, fondeados a tiro de piedra de la costa. Los sobrevivientes, confundidos al haber perdido a su líder, regresaron inmediatamente a España, adonde arribaron el 4 de septiembre de 1516.

Versión vernácula

El jesuita Lucas C. Marton, quien logró recopilar una importante colección de datos sobre temas diversos en el Río de la Plata a principios del siglo XVII, aclaró que la "…puja de las coronas, por quien primero pisó esta banda del Río de la Plata, habría de quedar dirimida, si reconociesen la histórica verdad, que no pueden ver a causa de sus ambiciones".

Estando los invasores en una situación privilegiada, era de esperar que otras versiones, aunque serias y documentadas, quedaran de lado si estas no coincidían con sus "ambiciones". Digno de ser analizado es el relato registrado por este jesuita de origen irlandés, que en nada le afectaban "…la puja de las coronas,…" de España y Portugal.

La narración de Lucas Marton coincide en fecha, lugar, nombres y determinadas circunstancias con la versión europea, pero brinda detalles sustanciales que permiten comprender una realidad diferente.

La descripción atrapante y condensada de este jesuita explica que Juan Díaz de Solís no descendió de su navío. Martín García dirigió la exploración frente a la isla que habría de llevar su nombre, junto a cinco hombres más. Y a pesar de haber sido bien recibidos por los nativos, los marinos violaron a las mujeres, habiendo dado muerte previamente a los hombres que las acompañaban.

Sólo dos marinos se salvaron de la venganza de los guaraníes, uno que logró llegar al bote acompañando a Martín García herido de muerte, y un joven grumete que fue tomado prisionero, probablemente por no haber participado en el crimen.

Después de dar sepultura a su "segundo", Solís abortó la expedición, ordenando el regreso a España. Esta determinación provocó un motín generalizado, probablemente por ver quiénes le acompañaban, destrozados sus sueños de enriquecimiento. Acusado por Francisco de Torres, un pariente, de colaborar con los portugueses a cambio de posesiones y privilegios, Solís fue arrojado al Río de la Plata en un bote que habría de quedar a la deriva.

Al parecer, nada supo la Casa de Contratación en España sobre la violación de las mujeres, el asesinato de indígenas, el motín y el destino del capitán.

El relato efectúa dos inflexiones temporales, una para referirse a Juan Díaz de Solís velando por sus propios intereses, en el año 1508, escogiendo, con el consentimiento de Portugal, cierto territorio sobre el Río de la Plata. Se le describe dirigiendo una hacienda entre el arroyo Dos Beguá, hoy el arroyo Solís Grande y el arroyo Jasyry, el actual arroyo Solís Chico.

La otra, es una referencia breve a su vida en esta estancia: "De una doncella de los Charuás (Charrúas) tuvo sólo un vástago a quien llamó Fernando de Solís, y muchos nietos de éste quienes poblaron y negociaron en la hacienda, hasta la venida del Gobernador Mauricio de Zavala. Empero, la muerte de Solís resultó ser en el año 1552, según se dice contando con más de ochenta años de vida y treinta y cinco en estas tierras. Enterrado en Cerro Piedras de Afilar, según pude constatar a pocos metros de lo que lo hombres llaman El Cono".

Los datos fueron obtenidos por Lucas C. Marton de dos fuentes. Una documental de los archivos de la iglesia en las Misiones Orientales, y otra oral en lo que concierne a `Hacienda de Solís' y los últimos días de este navegante.

Tomado de Cafcultura
El Pasquín de Radio Bemba