martes, 11 de noviembre de 2008

Avanza la verdadera integración: nacerá la cumbre de las cumbres


Un gran acierto estratégico, en plena sintonía con el cambio de época, con los tiempos de cambio. El presidente Lula de Brasil invitó a toda la América latinoamericano-caribeña, a una reunión “Cumbre” de Jefes de Estado de Nuestra América, para los días 16 y 17 de diciembre próximo, para debatir sobre cómo articulamos (mejor) la cooperación y ejercemos la solidaridad entre nosotros, dado los diferentes esfuerzos de integración subregional vigentes (muchos de estos ya anacrónicos y obsoletos por su visión meramente economicista-comercial, o sea parcial).

Se trata de ¿otra Cumbre más?. Bueno, esa podría ser la lógica reacción inicial de más de uno. Pero no, no es una cumbre cualquiera; impactará. ¿Por qué?, pues porque, increíblemente, ésta, será la primera vez (en toda nuestra historia republicana) que habrá una cumbre que reúna a todos los países de América Latina y el Caribe. Juntos todos y sin tutoría foránea (ni norteamericana, ni europea). Eso, ya es en sí mismo, todo un trascendente acontecimiento ¿o no?.

Tampoco será como las ya tradicionales cumbres de ámbito subregional (andina, suramericana, centroamericana, caribeña, grupo de río, etc.) y será, también, muy distinta a la cuatrienal de las “Américas” ideada por USA (junto a Canadá), y que impulsó el ALCA ya felizmente derrotado, donde además se siente la ausencia de Cuba, ¿excluida por quién y a santo de qué?.

Por cierto, está por celebrarse en pocos meses, abril 2009, una nueva Cumbre de las Américas en la vecina isla de Trinidad, y donde Obama tendrá, seguramente, “su estreno” en Nuestra América y, por tanto, su “prueba de fuego” en este escenario. Veremos si en verdad se hacen realidad las expectativas y anhelos de cambio (de actitud de USA, frente a nosotros).

Observamos con optimismo que la Cumbre en Brasil de diciembre, la latinoamericano-caribeña, viene a aglutinar el espacio geográfico y geopolítico que los venezolanos -por la Constitución Bolivariana- reconocemos como la “Patria Grande” a reconstruirse. Este escenario, es muy diferente -también- a la ya tradicional Cumbre Iberoamericana (que es el “instrumento” ibérico ideado para impulsar sus inversiones en la región -algunas “non sanctas”, por lo espoliadoras que han demostrado ser-).

Estamos hablando, por tanto, de un nuevo espacio de encuentro al más alto nivel político; de una Cumbre nueva y auténticamente criollita, y bien completa por cierto (sin exclusiones), donde Brasil (e Itamaratí) deben estar conscientes que, para que resulte exitosa y perdurable, cumpla sus expectativas y sea superadora de viejos esquemas, no puede ni debe ser instrumentalizada en función de intereses nacionales particulares, sino que ha de ser la fórmula nueva que impulse y articule los intereses grannacionales; en proyectos e iniciativas que apunten a la concreción del anhelo de unión verdadera de nuestros pueblos.

La latinoamericano-caribeña, desde nuestra perspectiva, está llamada pues a convertirse, en cuanto a prioridades de política exterior, en la Cumbre de las Cumbres; el espacio que dará pie al mecanismo único de integración (de unión verdadera) que habrá de prevalecer, frente a la actual “sopa de cumbres”. Por eso, visto incluso desde una perspectiva de racionalización y logística, tendría la misma que convertirse en el punto focal donde, acto seguido a su realización, se lleven a cabo los actuales encuentros extra-regionales y subregionales (a diluirse en el tiempo) ya preestablecidos.

De esta manera, privilegiando el escenario latinoamericano-caribeño, fijaremos claramente (para nosotros y hacia el mundo) nuestra agenda común, nuestro orden de importancia, de prioridades geopolíticas y estratégicas que centra sus esfuerzos en la unión política, económica, social, solidaria de nuestros pueblos; así, “encumbraremos” a la unión latinoamericano-caribeña, como el gran objetivo integrador a alcanzar (la segunda y definitiva independencia), en concordancia con los vientos nuevos y hermosos que soplan desde el sur, y en memoria del Libertador, quien se encuentra más vivo y vigente que nunca. Bolívar Vive.

Por José Manuel Soto
Venezuela

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