miércoles, 23 de marzo de 2011

Claroscuros de la visita de Obama a Brasil


Tras despedir al presidente de los Estados Unidos, la primera mandataria del Brasil, Dilma Rousseff, aseguró que el gobierno norteamericano reconoció a su país y se mostró favorable a su exigencia de conseguir un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU. Asimismo, ratificó su oposición al ataque que las fuerzas de la OTAN están llevando adelante en Libia, en sintonía con las posiciones de Alemania, Rusia, China e India, y de la mayoría de los países sudamericanos.

El presidente estadounidense, Barack Obama, realizó su primera gira por Sudamérica, en una visita que lo llevó dos días por Brasil y uno por Chile, antes de viajar al país centroamericano El Salvador. En Rio de Janeiro y en Santiago de Chile, miles de manifestantes lo recibieron con marchas de repudio a su visita.

La visita a Brasil, durante la cual ambos gobiernos firmaron una decena de acuerdos bilaterales, revisitó suma importancia, en primer lugar, por vuelo que tomó en los últimos años el gigante sudamericano, como jugador de primer nivel en el escenario mundial. Es la séptima economía del planeta y participa de los más importantes foros internacionales, como el G-20 y el BRIC. Por esto mismo, diplomáticos brasileros y la misma presidente señalaron que la visita de Obama representa un reconocimiento a la importancia del país.

El mismo embajador de Washington en Brasilia, Thomas Shannon, aseguró que se trata de “una relación entre iguales y la esfera de esas relaciones es de orden global". Por otra parte, la relación bilateral, que nunca fue linealmente armónica, estaba resentida, por contratiempos comerciales, pero fundamentalmente por el reconocimiento de Estados Unidos al gobierno emergido de un golpe de facto en Honduras y por los intentos de Brasil y Turquía de mediar entre Irán y las potencias del Consejo de Seguridad de la ONU.

Al asumir en enero pasado la nueva mandataria, explicó que uno de sus objetivos sería mejorar la relación con los Estados Unidos. Tanto fue así que numerosos funcionarios y legisladores norteamericanos visitaron Brasilia en estos últimos meses.

La mayoría de los

analistas locales abordaron la visita desde su aspecto comercial.

Detrás de China, Estados Unidos es el segundo socio comercial de Brasil.

Mantienen un intercambio de 46 mil millones de dólares, desfavorable para los brasileños en más de siete mil millones.

En la "Hoja informativa sobre la relación económica entre Estados Unidos y Brasil", divulgada por la Casa Blanca, se destaca la importancia de esta relación. Pero fue justamente este desbalance un factor de desencuentro entre los mandatarios. Obedece, en parte, a barreras proteccionistas que aplica la potencia del norte sobre algunos productos de exportación brasileños.

La presidente Rousseff fue explícita en este punto, al exigir “que se rompan las barreras que se levantan contra nuestros productos”, mencionando específicamente al etanol, la carne bovina, el jugo de naranja, el algodón y el acero.

En otro plano, se pusieron en perspectivas las oportunidades de negocios que Estados Unidos intenta abrir en Brasil.

Luego de que Rousseff revisara los acuerdos establecidos entre su antecesor con Francia, las multinacionales norteamericanas se alistaron para la posible venta de los aviones F-16 fabricados en Estados Unidos.

Por otra parte, cien empresarios de aquel país acompañaron la comitiva presidencial, en vistas a participar de la

explotación de las gigantescas reservas de petróleo recientemente encontradas en las costas paulistas

y en las obras que requerirán la Copa Mundial de Fútbol (2014) y los Juegos Olímpicos (2016) que se disputarán en Brasil.

Pero desde un enfoque más global, algunos analistas han visto e

n la visita de Obama un intento de avanzar en el control fáctico de las enormes riquezas de la Amazonia

, para lo cual

el Pentágono buscaría entorpecer la creciente coordinación, cooperación e integración política y económica en curso en la región y continuar con su política de ampliación de bases norteamericanas en suelo sudamericano.

Por ello, se sostiene que

si el reequipamiento de las Fuerzas Armadas Brasileras se conviniera con las empresas norteamericanas sería un gravísimo error estratégico del gobierno de Rousseff,

sobre todo por cuanto la moneda de cambio sería el apoyo estadounidense a las aspiraciones brasileras al Consejo de Seguridad, apoyo que lejos estuvo de ser claro y lejos está de ser real.

Por Alejandro Jasinski – Corresponsal en Buenos Aires para La Voz de Rusia